Lamine Yamal ya manda

Hay futbolistas que pasan de promesa a referencia de forma gradual, casi sin que se note. A Lamine Yamal le ha pasado en un verano. Cumplió 19 años el 13 de julio, en pleno Mundial, y seis días después levantaba la Copa en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Es el único jugador de la historia que ha ganado una Eurocopa y un Mundial antes de los 20
SEVILLE, SPAIN – SEPTEMBER 29: Lamine Yamal of Spain looks on during the UEFA Nations League 2026/27 group phase match between Spain and Croatia at Estadio Ramon Sanchez Pizjuan on September 29, 2026 in Seville, Spain. (Photo by Diego Souto/Getty Images)

Un Mundial sin goles, pero suyo

Lo curioso es que su Mundial no fue de cifras. Marcó un solo gol, a Arabia Saudita en la fase de grupos. Lo suyo fue otra cosa: en una selección que tardó en encontrar su nivel, él era quien rompía los partidos cuando se atascaban. Fue el mejor jugador del encuentro contra Austria y contra Bélgica, y en la final frente a Argentina volvió a mandar. Según los datos del partido, nadie tiró más, nadie completó más regates y nadie ganó más entradas que él en el 1-0. Messi, con 39 años, pasó casi desapercibido. Al final se abrazaron, y la foto de 2007 con Leo sosteniendo a un Lamine bebé volvió a dar la vuelta al mundo.

Lamine Yamal con la copa del mundo: France24

Un arranque de curso fuera de serie

Lo más llamativo es que no ha bajado el pistón al volver al Barça. Venía de revalidar la Liga con 24 goles en 45 partidos y del premio a mejor jugador de LaLiga 2025/26, y aún así el arranque de este año es mejor: siete goles y cuatro asistencias en siete jornadas, todas como titular. En las últimas semanas, entre club y selección, suma 11 goles y 7 asistencias, el mejor tramo de su carrera. Ha firmado dobletes ante Rayo, Valencia y Levante, un gol y dos pases de gol contra el Racing, otras dos asistencias en Sevilla y un gol y dos asistencias al Feyenoord en el debut europeo.

Detrás de la racha hay algo más que inspiración. FotMob le calcula 6,08 goles esperados para sus siete tantos, con 38 disparos en 581 minutos: el dato dice que no vive de remates imposibles, sino de ocasiones que él mismo se fabrica. Y se le nota más maduro. Decide antes, se complica menos y ya no necesita gustarse con el balón para ser decisivo, algo que hace un par de años le pasaba de vez en cuando.

Del Camp Nou a la élite mundial

Para entender el salto conviene mirar el camino. Un día después de cumplir 17 años jugó la final de la Eurocopa de 2024 y salió del torneo como mejor jugador joven. Con Flick firmó 18 goles y 21 asistencias en la 2024/25, la del triplete nacional, y 24 goles el curso pasado. Lo ha hecho cargando con una etiqueta de estrella que le pusieron cuando aún era menor de edad.

Tampoco juega solo. Con Raphinha forma una dupla que LaLiga ya presenta como letal, y el Barça ha vuelto a ser un equipo que marca cuatro, cinco o siete goles, como el 7-2 al Racing o el 0-5 en Mestalla. En ese contexto, Yamal hace lo que mejor sabe, que es pedir el balón pegado a la cal y obligar al rival a elegir. Si le doblan la marca, aparece Raphinha; si no, la decide él.

El Balón de Oro, otra vez en el horizonte

Todo esto le coloca otra vez en la conversación del Balón de Oro. El año pasado fue segundo, por detrás de Dembélé, y se llevó el Trofeo Kopa por segunda vez consecutiva. Esta vez llega como campeón del mundo y con el mejor arranque de su carrera. Que gane o no depende de unos votos que nunca se sabe cómo se reparten, pero ya nadie discute que su nombre tiene que estar en la lista.

La única sombra, el físico

Queda el físico, el único frente aún abierto. Yamal llegó al Mundial con dudas físicas después de una temporada de 45 partidos con el Barça, y el curso ha arrancado a toda velocidad. Flick tendrá que dosificarlo sin quitarle protagonismo, algo que en el fútbol de élite suena más fácil de lo que es. A los 19 años el cuerpo perdona casi todo, pero un extremo que vive de la aceleración se juega mucho en cada arrancada.

La cabeza, además, parece ordenada. Laporta destacó a mediados de septiembre su madurez, y el propio jugador ha repetido que quiere quedarse en el Barça y que siempre hay otro objetivo por delante. Tras el Mundial escribió en redes que casi había completado la colección. Son frases que cualquiera diría, pero en alguien que ya ha ganado una Eurocopa y un Mundial tiene mérito no sonar saciado.

Rocafonda ya lo tiene claro

Basta darse una vuelta por Rocafonda, el barrio de Mataró donde creció, para medir el tamaño de todo esto. Tres días antes de la final, unos vecinos jugaban al fútbol en un parque y uno imitaba el gesto del 304, el código postal que Lamine ha convertido en seña de identidad. Ya no hace falta explicarle a nadie quién es. Lo interesante de este momento no es que juegue bien, algo que se sabe desde los 16, sino que cada semana parece tener todavía un poco más de margen para seguir creciendo.

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